Acabo de leer un artículo realmente duro sobre la laberintica mismidad mexicana.
La excusa para reincidir sobre ella era la dramática situación de Haití. El mismo pretexto que oí utilizar a un tipo el sábado pasado, mientras escuchaba la radio en el coche, para juzgar a trasmano, como diría Unamuno, a determinadas sociedades(¿por qué no a todas?), acusadas de mirar hacia otro lado ante la situación sociopolítica previa en Haití, de la misma forma que ante el ascenso de Hitler y el nazismo (sic).
Un discurso ampuloso, efectista, plagado de lugares comunes y nada que aportar.
Igual no se daba cuenta de que todo empieza en la puerta de al lado. En mi edificio, en mi trabajo, en mi mismidad y en la de los que nos rodean.
La ambición, disfrazada de tantas maneras, de querer ser distintos al otro.
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