Todavía no han pasado dos años cuando regreso a Cuauhnáhuac.
El Cuauhnáhuac de Malcom Lowry, el de John Houston antes de que adaptara Bajo el Volcán.
El Cuauhnáhuac de la soledad, del calor denso y agobiante, de las nubes densas y agobiantes en sus tardes grises y encharcadas por sus lluvias torrenciales.
Nada que ver con la Cuernavaca que conocí 20 años atrás, de fiestas y piscinas, de gente acomodada y sonriente.
De gente que espera que te posiciones en el lado correcto mientras disfrutas de la eterna primavera.
La Cuernavaca a la que vuelvo es la de la calle Guerrero y la de las personas que transitan conmigo por ella.
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