Suicidio en Facebook
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| Fotograma de MPDG (2013) de Pablo Maqueda |
Difusión Difusa
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jmargen
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Etiquetas: anomia, psicología, sociología, viaje anómico
Modernidad es una apuesta por desmarcarse del tradicionalismo, del costumbrismo, del academicismo, de lo bendecido y santificado por el establishment.
El problema de los que, en cada momento, tratan de empuñar la bandera de la modernidad es que su pretensión no deja de ser acomodaticia, al querer ser considerados grupo de referencia ante un panorama social y cultural acartonado y redundante. Es un quítate tú para ponerme yo.
La verdadera modernidad debería ser el inconformismo basado en el replanteamiento permanente de los conceptos y los valores.
Ahora mismo hay, en Madrid, una exposición, La Caballeria Roja, en la Casa Encendida, que refleja muy bien como la modernidad es un revulsivo que acaba siendo absorbido, por el poder que se arropó en ella, haciéndole perder su sentido original crítico y contestatario.
La modernidad es un engaño que, una vez convertido en visión oficial, persigue, destierra, acalla y extermina a los que insisten en continuar su viaje anómico, desmarcándose de la institucionalidad, poblada ahora por alguno de esos compañeros con los que coincidieron al inicio del viaje pero que prefirieron darlo por finalizado, bajarse del tren y convertirse en jefes de estación.
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jmargen
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Etiquetas: creación, sociología, viaje anómico

Lo que muestra Agnès Varda en Los Espigadores y La Espigadora (2000) ya lo había sintetizado crudamente Jorge Furtado en La Isla de las Flores una década antes, en 1989:
El descubrimiento de la cadena sociotrófica de la que formamos parte y que permanece oculta para quien no quiere darse por enterado.
Siempre hay alguien dispuesto a valorar aquello que nosotros despreciamos; a aprovechar lo que puede servirnos, a pesar de que otros decidieron que era inservible.
Tu basura, no puede ser, sino que será, mi alimento. Tus despojos mi sustento.
Y lo más hiriente para la gente de bien es que aquellos espigadores -rebuscadores-, ante los que desviamos la vista, por temor a caer fuera de las pautas sociales y entrar en la anomia, son protagonistas de hazañas que nosotros, en nuestra cortedad de miras, nunca podremos alcanzar, y que parten de algo tan sencillo como la renuncia voluntaria a las exigencias del sistema.
Dos años después del estreno de Los Espigadores, a raiz de las reacciones que despertó su documental, Agnès Varda realizó una segunda parte, más interesante todavía que la primera, pero inseparable de esta, en la que nos muestra, casi sin proponerselo, la verguenza al descubrir nuestra propia hipocresia, admirando a aquel que rebusca y antes rechazabamos, queriendo ser nosotros mismos rebuscadores aunque sólo seamos un excéntrico coleccionista de nimiedades.
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Etiquetas: antropología, cine, sociología, viaje anómico

Lo peor que le puede pasar a la chica anómica es pretender adaptarse a la sociedad.
La chica anómica es la que grita que no, que no, que no es posible que seamos tan hipócritas; que no es cuestión de que ganemos un poco más o un poco menos, sino que abusemos del otro y que incluso los mendigos de Buñuel o los curritos de Berlanga siempre encuentren a alguien en desventaja en el que clavar su soberbia y su mezquindad
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Etiquetas: viaje anómico
La muerte de Dennis Hopper me ha traido a la memoria una de las escenas que más me han impactado en el cine, su breve aparición en La Ley de la Calle (Rumble Fish) de Coppola, como padre del chico de la moto y de Rusty James, su hermano pequeño.
El chico de la moto es una figura idealizada en el barrio por los más jovenes, especialmente por su hermano. El líder mítico de la banda, el más auténtico y que, ahora, reaparece con un aura aún mayor, desde una posición que parece situarle ya de vuelta de todo.
En la escena en cuestión, las tres frases de Hopper, el padre, consiguen desmontar, no tanto a su hijo pequeño, como a la mayoría de los espectadores, la ilusión que es el chico de la moto, el reflejo en el que queremos mirarnos, y que no es más que otro ser anómico vagando sin rumbo, sin ser realmente entendido, en un nivel muy diferente de la proyección que representa para los demás.
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Etiquetas: cine, viaje anómico
Acabo de ver Shutter Island, que se sustenta en la premisa, no tanto de la negación de la realidad por parte de determinados individuos para no hacer frente a la responsabilidad de un hecho que no se quiere asumir sino, más bien, sobre la capacidad del ser humano para elaborar ficciones que le permitan superar esas situaciones de fractura (situaciones liminales) que vienen a romper el orden sobre el que está construida toda nuestra existencia vital.
No existe, por tanto, una negación de la realidad sino la creación de una realidad alterada en la que el individuo incluye elementos de diferente procedencia, para hacer más llevadera su propia existencia, pero que chocan con la percepción y la lógica de las personas que le rodean.
Resulta interesante comprobar como los planteamientos sobre los que se sustenta la película de Scorsese son idénticos a los de un libro que leí hace unos meses por recomendación de Henar, La Historia de PI de Yann Martel.
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Etiquetas: antropología, cine, psicología, sociología, viaje anómico
Hoy en las páginas de Henar me he encontrado con otro viajero anómico, como los niños, los borrachos o los locos que sólo nos dicen la verdad; como el enfermo de Thomas Mann que no supone la enfermedad sino que la vive como parte indisociable de su ser, mientras sólo escucha comentarios ignorantes de compasión por parte de las personas sanas.
No es que la sociedad no nos ha enseñado a tratar con ellos; no, todo lo contrario, nos ha educado, y con unas reglas muy claritas, a esquivarlos.
Sólo los aceptamos cuando son ellos los que hacen el esfuerzo de jugar en nuestro campo, para evitar el sudor que supone jugar en el suyo tan siquera un rato.
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Etiquetas: Thomas Mann, viaje anómico
Un viaje anómico es el que efectuan aquellas personas que cuestionan las reglas sociales, no por iluminación, sino porque todos los que nos regimos por ellas sabemos que, una gran parte de ellas, son erroneas y fomentan la desigualdad, pero sólo lo expresamos en un ámbito controlado más o menos privado, mientras ellos, los viajeros anómicos, no tienen ningún inconveniente en explayarse publicamente.
Un viaje anómico es poner en duda la mayor parte de los convencionalismos sociales que son vistos como leyes injustas que la gente no se atreve a cuestionar en público.
El verdadero transgresor es aquel que corre el peligro de ser acusado de locura y conducta antisocial.
Un trasgresor de salón, o de galería de arte, en general, es un falso trasgresor, que aprovecha un espacio que la sociedad ha parcelado, precisamente, para que, ciertos aspectos de su normatividad, puedan ser puestos en duda de manera controlada en un nivel y con una repercusión con un alcance limitado para la mayoría de sus integrantes.
Nuestra mirada sobre el verdadero viajero amómico suele atravesar diferentes fases:
Al principio, nos sorprende lo atinado de lo que nosotros consideramos agudas provocaciones y claridad de ideas. Sus ocurrencias desencadenan nuestra sonrisa cómplice.
La fase intermedia o de tránsito, se caracteriza por la incomodidad creciente que nos produce su persistencia en ciertos temas que se acercan demasiado al entorno del tabú social. La reacción que adoptamos es la de la evitación. Tratamos de evitar, primero sus disgresiones y, poco a poco, al propio viajero.
Al final su propia presencia nos asusta, se ha convertido en un ser desestabilizador de la rutina y de las costumbres aprendidas, asumidas y practicadas, y pasamos a su rechazo.
Podemos pensar que sus palabras desvelan una verdad de la que nadie se atreve a hablar con franqueza, pero le vemos como un peligro, tanto para el mismo como para nosotros.
Dictamen: Exclusión.
La justificación a este dictamen defiende que son incapaces de encontrar soluciones a sus problemas personales inmmediatos y como maniniobra para superar dicha incapacidad se proponen la titánica tarea de cambiar las normas a las que acusan de su situación personal.
Realmente, la tragedia del viajero anomico es que priman, por encima de la satisfacción personal inmediata, la busqueda del orden perfecto y lógico en el que integrarse, sin envidia, sin autoridad, sin desigualdad, sin competencia, sin frustración, sin dolor.
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Etiquetas: psicología, sociología, viaje anómico
Mientras veía Revolutionary Road recordé varias veces un diálogo de Las Normas de la Casa de la Sidra (Principes de Maine, etc) que se produce cuando el pupilo comunica al doctor su intención de marcharse, a lo que Michael Caine le responde que le parece ingenuo que espere encontrar una vida más gratificante de la que ya tiene "... lo único que hallarás serán personas, iguales a las que dejas abandonadas".
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jmargen
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Etiquetas: búsqueda, cine, psicología, sociología, viaje anómico
Volviendo a Revolutionary Road.
Nunca me he sentido tan identificado en lo vivencial con una historia.
Sus anhelos son los mios.
Su viaje es mi viaje.
Su muerte, la mía.
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Etiquetas: búsqueda, cine, psicología, viaje anómico
No he leido el ensayo de Vargas Llosa sobre Madame Bovary. Pero me imagino que, como él o cualquiera que haya leido el libro de Flaubert, sabemos que gran parte de su grandeza radica en el personaje del boticario, que no es otra cosa que un malo de la puerta de al lado; aunque no es un asesino de thriller puede ser algo peor simplemente valiéndose de las armas del control social.
Si Mme. Bovary sólo fuese Emma apañados ibamos. Que sí, que L. Salander desprende cierto magnetismo inicial, pero va perdiendo fuerza de atracción según vemos su capacidad resolutiva sin fisuras, a pesar de Todo lo Malo, que conoceran los que hayan seguido con los otros dos volumenes; que no es mi caso.
Volviendo al boticario: Hace muy poco vi Revolutionary Road, en ella también encontramos a los señores Bovary, incluso al boticario, no tan perfectamente definido en un sólo personaje, pero igual de brutal, tanto en su vertiente sociodifusa, como personificado en Kathy Bates con su, paradójica o precisamente, hijo anómico. Todo un acierto.
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jmargen
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Etiquetas: cine, literatura, viaje anómico